sábado, 14 de noviembre de 2009

Second chance

I am writing this on Thursday night when I still do not know what is going to happen to me and my future. With a little bit of luck, I will find it next Monday, maybe tomorrow.

I have had this sentence in mind since the very beginning: I knew it. I knew you would the best AND worst thing that could ever happened to me.

I remember the first day we met. You were not wearing jeans but your usual stuff. Nice color on you though. I had no idea who you were but I immediately felt attracted to you (do not worry, I will not make those cheesy comparisons between the moon and the earth. It is not my style. I actually felt as if you were a magnet pushing me towards you). I first thought you were a pretty decent-looking guy but then you smiled and that, that, was the beginning of the end of my common sense, self control, self esteem and every single word containing self in it. Even myself.

At first, I just considered you one of the people I could trust the most. A good listener and somebody who would take care of me and my needs if necessary. Unfortunately, the more I got to know you, the more I got into you. What started like a fun game has ended up consuming me. I seriously do not know who I am anymore. If, 2 years ago, somebody had told me I would be doing things like this... I would have laughed in their face -"No way, I am not like that!"-. We have this saying in Spanish nunca digas de esta agua no beberé (which could be translated as "never say never"). So appropriate...

I have spent almost two years trying to get closer to you. Anything would give me the excuse to "talk" to you, to contact you. I just needed to feel your presence, to know that you were still there. However, for doing so I have felt like an idiot, a loser, a stalker, a bitch and a slut.

It is not all my fault though. It all started with an (innocent?) comment, remember? You said: "hey, what are you doing on Friday? I would like to have a drink with you but it has to be after midnight". It´s funny, I was so confused by what it would mean that I got completely lost on my way home.

You also have this personality... I never know if you are joking or actually mean it. However, that can be a double-edged sword. Believe it or not, I felt quite hurt when you asked me if I would marry you to stay in this country. Of course I know you were not serious about it but considering the circumstances, what would you expect?

I have tons of male friends in Spain, I usually get along better with men than with women. Some of these men are married, some are engaged and some are single but I have always known where the line is drawn. With you is completely different, I never know what to think or how to act.

I am not going to blame you, anyway. Everybody knows that those who play with fire will eventually get burned.

I am aware that I am way too impulsive and that I will regret sending you the link to access this. It has always been the same. I will say or do something and, 5 minutes later, my old Catholic guilt will knock on my soul.

But... how can you control your feelings? How can you avoid feeling what you feel?

These are the thoughts I was supposed to share with you my very last day in this country. I was also supposed to tell you, face to face. I do not think I have the guts though. Not that I would be able to do it either, you keep on interrupting me whenever I try to talk to you!

My common sense tells me not to publish this, even for such a short period of time, but I need to get it out of my chest. I am sure you already knew everything above but at least this will explain a lot of things. If not... you guys really don´t have a clue about anything, do you?

I trust you and I hope you will not use it against me but if you do... too bad then. I guess I was the one looking for it.

jueves, 13 de agosto de 2009

A rajar toca


Señoras, señores... Reyes Jones ha vuelto y con más mala leche que nunca.

Como ya os decía a muchos en el e-mail, yo, más que viajes, hago gymkanas. Os cuento.

Puesto que vivo poco menos que en el culo del mundo y mi avión salía de Barcelona, estuve dos días, dos, de viaje hasta llegar a Richmond. El domingo, a mediodía, cogí el tren en Vilches. Después de 9 horas de viaje, dos películas, un libro, un bocata de jamón y un par de cervezas (¡ay, to´ hay que contarlo...!) llegué a la estación de Sants donde, gracias a Dios (o a quien sea) me estaban esperando mis tíos. Pasé la noche con ellos y al día siguiente, lunes, mi tío me llevó al aeropuerto del Prat. El vuelo de Barcelona a París estupendo. Me dio tiempo a leerme la "Vanity Fair" y la "Cuore Argh" de cabo a rabo (pues sí, una de cal y otra de arena...) y de disfrutar de una ensalada que, para ser comida de avión, estaba muy pero que muy buena. Claro que parece ser que fui la única con esta opinión porque debíais haber visto las caras de los otros pasajeros. La verdad es que por la vista no entraba, no...

Aterrizamos en París y, ¡viva!, tengo poco menos de dos horitas hasta el siguiente vuelo. Cojo mi bolso y revistas y espero a que abran la puerta del avión. Espero, espero... y nada, media hora después aún seguimos preguntándonos a qué narices esperan ellos. Una vez fuera del trasto, y como soy un poco (muy) histérica, decido ir directamente a la puerta de embarque porque si no me veo pasando la noche en Franchutilandia. Para empezar, el Charles de Gaulle es uno de los aeropuertos más desorganizados que he tenido la (des)gracia de conocer. Por si fuera poco, hay que pasar la aduana (¡joder, que venimos de Barcelona y no hemos salido del aeropuerto!), lo que me lleva una horita de reloj. Se supone que tengo que estar en la puerta de embarque a las 15:55 y a las 15:35 todavía estoy esperando a que el gendarme, o como lo llamen, compruebe que la tía con cara de morder a alguien es, efectivamente, la que sonríe tanto en la foto. No parece muy convencido. Me quito las gafas, me sujeto el flequillo, muestro dientes y me deja pasar. Son las 15:50. Corro hacia el control de seguridad (sí, hay que pasarlo otra vez) y pongo cara de niña buena. Ni un problema. Vuelo hacia la puerta de embarque y llego justo cuando la abren. Los de primera clase empiezan a embarcar y, de repente, nos dan la noticia. El avión tiene problemas técnicos y el vuelo se va a retrasar un par de horas. Río por no llorar. Ya decía yo que todo había ido muy bien hasta ahora...

Dos horas después, me vuelvo a poner en la cola de embarque. Veo a un tío con pinta de colgao y pienso "Dios, espero que no me toque al lado de ése". Entro en la cabina y... ¿quién es mi compañero? ¡Bingo, el colgao! Que, además, atufa a cerveza y unas cuantas bebidas más. Voy a sentarme y me pregunta que si me importa cambiar los asientos. Yo lo tengo al lado del pasillo, él en medio. Imagino que es porque tendrá que ir a echar la pota en cualquier momento y le digo que no hay problema. También le aviso de que yo soy de las que van mucho al baño y de que lo estaré molestando para que me deje pasar. Me dice que no pasa nada.

Joé, por el tufazo parece que el colega se ha escapado de una destilería. Menudo viajecito me espera. Voy a trincarme un par de botellas de vino y por lo menos estamos a empate. Mi gozo en un pozo. En el suyo, que parece no tener fondo porque se bebe tres botellas de vino blanco antes de terminar de cenar. Por curiosidad le pregunto que de dónde viene (¿Alcohólicos Anónimos? ¿Ibiza?) y me dice que de Serbia. Tendré que buscar en internet cuál es el índice de alcoholismo por aquellos lares....

Terminamos de cenar y el adolescente que está delante de mí echa el asiento hacia atrás todo lo que puede y más. El niño que está delante del colgao (sí, el que tiene MI asiento) mantiene el asiento en posición vertical. ¡Me cago en...! Decido ver una peli para que se me pase el cabreo y la tele no funciona. La del colgao (sí, la MÍA) no parece tener ningún problema. Deben de rechinarme los dientes de lo lindo porque, justo en ese momento, llega un auxiliar de vuelo que, primero, le dice al niñato que está bien tumbarse pero que ESO es pasarse. Y, segundo, reinicia el ordenador para que pueda relajarme y ver algo. Funciona. Veo "Coco Chanel"; "Yes, Man" (una de las peores pelis que he visto últimamente) y "The Class (Entre Les Murs)", que debería ser de visión obligada en todos los centros de enseñanza del mundo mundial.

Aterrizamos en Washington con dos horas y medio de retraso. Una vez más, corro hacia la aduana. Milagrosamente, apenas hay gente y el oficial que me interroga es un hombre mayor y la mar de amable. La paso en menos de diez minutos y corro a recoger mi maleta que, por supuesto, sale la última. Miro el reloj y mis peores temores se han cumplido. Entre el retraso del avión y del equipaje, he perdido todos y cada uno de los autobuses que van a Richmond. Con suerte puede que pille el de las 23:45 (el último) pero hay que jugársela. Decido quedarme a dormir en Washington e intentarlo mañana (estoy HARTA de correr) y no hay manera de encontrar alojamiento. Elena, Miriam y yo llamamos a unos cuantos sitios y no hay suerte, no hay nada disponible. A arriesgarse toca. Le digo al taxista que tengo que coger el dichoso autobús y que ya puede pisar el acelerador. Llegamos a la estación a las 23:35. El hombre, viendo mi cara de angustia (aún tengo que comprar el billete y como haya cola estoy perdida), me acompaña dentro y me dice que no se irá hasta que no me vea prácticamente montada. Se ha ganado la propina. Compro el billete a las 23:42, corro (y van...) al andén y pregunto quién es el último de la cola. La mujer sonríe y señala a todo el mundo. ¡Han vendido 100 billetes para un autobús que tiene 55 plazas! Esto sólo puede pasar en EEUU. Por supuesto, me quedo con las ganas de montarme. La de información nos dice a todos los que nos hemos quedado fuera que pondrán otro a las 2:15 de la mañana. Decido tomármelo con filosofía. Me siento en el suelo, saco mi libro y empiezo a leer. Así hasta que llega el autobús de los c***nes.

Llego a la estación de Richmond de madrugada. Soy la única que no parece estar drogada o sin hogar. Corro (es un decir, con dos maletas... Por ciero, ¿cuántas veces he escrito esta palabra?) hacia la salida y cojo el primer taxi que encuentro. Cuando llego a casa no beso el suelo porque hay moqueta y me da asquete que si no...

Dos días después, estoy casi repuesta de la odisea. Casi.

Como nos mudamos este fin de semana, he ido a unas cuantas tiendas a pedir cajas de cartón vacías. Me ha dado una vergüenza tremenda pero, claro, no voy a llevar los bártulos en los brazos. En todas las tiendas me han puesto excusas varias. Que si es cosa del encargado, que si no tienen... total, que me he ido con las manos vacías. A punto he estado de robar un carro sólo por fastidiarles. A lo que iba. En mi clase, en el cole, tengo el armario lleno de cajas y puesto que ya han terminado la escuela de verano y se supone que podemos ir a currar si queremos, he llamado a la secretaria para preguntarle. Os recuerdo que la secretaria es la tía más desagradable que pisa la tierra. Llamo, saludo, le pregunto qué tal el verano... y hago la preguntita de rigor. La peazo de ******* (a partir de ahora vais a leer muchísimos descalificativos) me suelta: "El director dijo que ya os mandaría un e-mail para comunicaros cuándo podéis venir". Yo, muy diplomática, he respondido que, exactamente, el buen hombre nos dijo que llamásemos antes de ir para informarnos y que eso es lo que estoy haciendo. Le digo que pregunte que si puedo ir y la tía ********* ¡tiene el valor de preguntarme que si tiene que hacerlo en ese momento! Se lo pido por favor y, después de tenerme en espera 5 minutos, me dice que el director dice que vaya y vea si puedo coger lo que necesito de mi aula pero que (atentos todos) ELLA NO ESTÁ DE ACUERDO. Le pido que especifique y la hija de ********** me suelta, tal cual: "Sinceramente, no creo que sea apropiado ni razonable que vengas e interrumpas el ritmo normal de trabajo para coger unas cajas. Pídelas en una tienda". Menos mal que estaba sentada, si no me caigo redonda al suelo. Le he dado las gracias (con mucho recochineo) y le he colgado. He tenido que ir a una tienda y comprar las cajas de cartón de los c*j*nes (que me han costado una pasta), cuando tengo como 8 de ellas en el armario y, lo que es peor, ¡muertas de risa! Os juro que yo a ésa le hago vudú. Y del malo.

Bueno, pues esta ha sido mi semana hasta ahora. Como decían los hombres G, ¿qué coño hago yo aquí (que no en las Bahamas)?

Portugal

miércoles, 1 de julio de 2009

Día 6. Archipiélago de San Blas, mar Caribe.













Ha llegado el Gran Día. Nos levantamos tempranísimo, tenemos que coger la avioneta que nos lleva a San Blas a las 6:00 h.

Mientras esperamos en el aeropuerto, María nos explica que sólo se puede llegar a esta zona en avioneta o 4x4. Hay que atravesar la selva, controlada por los indios kuna, y luego coger una barca para llegar a las islas que conforman el archipiélago, nada menos que 365. La mayoría están despobladas, los indios las dedican a la producción de cocos y al turismo.

Una vez a bordo, Ali y yo nos sentamos justo detrás del piloto. No me hace mucha gracia que no cierre las cortinas que separan la cabina de pasajeros de la de control, ¡podemos verlo todo!

El trayecto dura poco más de 45 minutos. Cuando empezamos a descender, busco la pista de aterrizaje. Sólo consigo ver una estrecha franja de tierra que desemboca en el mar. Pregunto a María, que ya ha hecho este recorrido antes, que dónde vamos a aterrizar y señala la franja. Intento recordar todas las oraciones que me enseñaron en Catequesis mientras el piloto maniobra. Aterrizamos sin problemas aunque no puedo evitar preguntarme cómo se las arreglarán para no caer directos al mar en temporada de lluvias (¡8 meses en esta zona!).

El "aeropuerto" es digno de ver. Una caseta desvencijada donde despachan los billetes y poco más. Necesito ir al servicio. Me señalan una caseta de chapas al final de un embarcadero sobre el mar. Igualita a la que vemos al principio de "Slumdog Millionaire". Decido esperar. Miro a mi alrededor y todo está cubierto de basura. Al parecer los indios, que viven en las islas, utilizan la costa sólo como tierra de cultivo y basurero. Qué pena.

El señor Neldo, un indio kuna, nos espera en el embarcadero para llevarnos a la isla donde vamos a pasar la noche. Montamos en la barca nosotras cinco y una familia sueca. Me ofrecen un chaleco salvavidas y lo rechazo. Cuando empezamos a movernos pido por favor que me lo devuelvan.

El viaje se me hace larguísimo, la mar está algo revuelta y tenemos que cubrirnos con unos plásticos para no acabar empapadas. Pasamos por delante de las islas más pobladas, dan la sensación de que no cabe ni un alfiler.

Llegamos a "nuestra" isla, preciosa. Nos han preparado un estupendo desayuno (prefiero no pensar cómo lo han cocinado) y nos muestran nuestra cabaña, hecha de caña. Creo que no voy a pegar ojo esta noche.

Hacemos fotos, nadamos, nos achicharramos... Después de comer nos llevan a Isla Perro, una de las islas más populares. Hay un galeón hundido y hacemos submarinismo alrededor. Alucinamos con la llegada de una lancha procedente de un yate anclado en una isla cercana. Vemos bajar a dos sílfides rubias acompañadas de cinco niños, varias niñeras y tres miembros de la tripulación (guapísimos) que se desviven por ellas. Qué bien viven los ricos.

Regresamos a nuestra isla. Cenamos y, como sorpresa de cumpleaños, un chico ha preparado fuegos artificiales para su novia. Los vemos sentadas en la playa mientras disfrutamos de un baratísimo ron con Cola. Qué bien viven algunas.

martes, 30 de junio de 2009

Día 5. Casco viejo de Panamá














Qué poquitas ganas de escribir... pero ya que he descubierto que tengo más seguidores de los que creía, obligada me veo a actualizar esto. Espero que la memoria no me falle...

Decidimos ir al casco viejo de Panamá. María nos ha dicho que toca regatear con los taxistas. El primero al que preguntamos nos pide $10 por llevarnos hasta allí, una barbaridad. El segundo lo rebaja a $4. Ana encuentra la ganga del siglo: un "taxista" nos pide sólo $1 por llevarnos a las cuatro. Ana acepta y ya ha abierto la puerta del taxi cuando me doy cuenta de que a) no tiene licencia y b) es una furgoneta con los cristales tintados. Me niego a subir y el "taxista" se mosquea conmigo. Al final buscamos otro que nos cobra $3. ¿Pensáis que es un chollo? Bueno, teniendo en cuenta que el sueldo medio mensual en Panamá es de $67, ya me contaréis...

Una vez en el (precioso) casco viejo, hacemos lo que todas las guías recomiendan no hacer. Comprar algo de comer en un puesto callejero para desayunar. Yo me decanto por una patata rellena y zumo de mango. Sigo viva así que tan malo tampoco podía ser.

Paseamos por las calles y visitamos el Palacio de las Garzas, residencia del presidente y famoso porque en su patio viven cuatro ejemplares del animal que le da nombre. Sin embargo, no conseguimos verlas. Un amable policía pide que suelten a una para que podamos hacer unas fotos. Demasiado amable. Justo antes de irnos, me pregunta mi nombre y otros detalles personales. Ya decía yo...

Nos paramos ante un puesto en el que una india kuna está tejiendo molas. Saco la cámara y me indica que no puedo hacerle fotos. Compro un par de regalos para mi familia y... ¡bingo! Acepta a ser retratada. Le pregunto que si me puedo sentar a su lado y acepta. A la prueba os remito.

De camino a la catedral, y bajo un calor asfixiante, nos refrescamos con agua de pipa y poco después compramos piña (riquísima por aquí), yuca y patacón. La catedral me decepciona muchísimo. Es lo que tiene haber visto tantas.

Entramos en el teatro y en la iglesia de San Felipe, donde está el célebre altar de oro. Cuenta la leyenda que el párroco ordenó pintarlo de negro para que el pirata Morgan, que saqueó y quemó la antigua ciudad, no se lo llevase.

Hora de ir al la exclusa de Miraflores en el canal de Panamá. Cogemos un taxi y el chaval (no tendrá más de 18 años) que conduce no tiene ni idea de cómo ir. Ana, muy viajada ella, le va indicando el que creemos que es el camino (según el mapa de su guía). Unos camioneros, al vernos tan perdidos, nos piden que les sigamos y nos llevan hasta allí.

El canal es impresionante. Cada barco del tipo Panamax debe pagar $65.000 para pasar. Si tenemos en cuenta que el canal funciona las 24 horas del día durante los 365 días del año... ¿dónde va a parar todo ese dinero?

Por la tarde vamos a Mi Pueblito, una especie de parque temático donde se representan las tres culturas que conforman el país. Somos las únicas turistas, da la impresión de estar en un pueblo desierto.

Ýa de noche, cenamos en un típico restaurante panameño. Pedimos patacón y pescado, delicioso. Decidimos regresar a casa para descansar. Mañana es el gran día.

lunes, 15 de junio de 2009

Second chance

If you want to know the truth, keep on reading then.

However, sometimes it is better not to know.

Or, at least, it is safer.

I am writing this on Thursday night when I still do not know what is going to happen to me and my future. With a little bit of luck, I will find it next Monday, maybe tomorrow.

I have had this sentence in mind since the very beginning: I knew it. I knew you would the best AND worst thing that could ever happened to me.

I remember the first day we met. You were not wearing jeans but your usual stuff. Nice color on you though. I had no idea who you were but I immediately felt attracted to you (do not worry, I will not make those cheesy comparisons between the moon and the earth. It is not my style. I actually felt as if you were a magnet pushing me towards you). I first thought you were a pretty decent-looking guy but then you smiled and that, that, was the beginning of the end of my common sense, self control, self esteem and every single word containing self in it. Even myself.

At first, I just considered you one of the people I could trust the most. A good listener and somebody who would take care of me and my needs if necessary. Unfortunately, the more I got to know you, the more I got into you. What started like a fun game has ended up consuming me. I seriously do not know who I am anymore. If, 2 years ago, somebody had told me I would be doing things like this... I would have laughed in their face -"No way, I am not like that!"-. We have this saying in Spanish nunca digas de esta agua no beberé (which could be translated as "never say never"). So appropriate...

I have spent almost two years trying to get closer to you. Anything would give me the excuse to "talk" to you, to contact you. I just needed to feel your presence, to know that you were still there. However, for doing so I have felt like an idiot, a loser, a stalker, a bitch and a slut.

It is not all my fault though. It all started with an (innocent?) comment, remember? You said: "hey, what are you doing on Friday? I would like to have a drink with you but it has to be after midnight". It´s funny, I was so confused by what it would mean that I got completely lost on my way home.

You also have this personality... I never know if you are joking or actually mean it. However, that can be a double-edged sword. Believe it or not, I felt quite hurt when you asked me if I would marry you to stay in this country. Of course I know you were not serious about it but considering the circumstances, what would you expect?

I have tons of male friends in Spain, I usually get along better with men than with women. Some of these men are married, some are engaged and some are single but I have always known where the line is drawn. With you is completely different, I never know what to think or how to act.

I am not going to blame you, anyway. Everybody knows that those who play with fire will eventually get burned.

I am aware that I am way too impulsive and that I will regret sending you the link to access this. It has always been the same. I will say or do something and, 5 minutes later, my old Catholic guilt will knock on my soul.

But... how can you control your feelings? How can you avoid feeling what you feel?

These are the thoughts I was supposed to share with you my very last day in this country. I was also supposed to tell you, face to face. I do not think I have the guts though. Not that I would be able to do it either, you keep on interrupting me whenever I try to talk to you!

My common sense tells me not to publish this, even for such a short period of time, but I need to get it out of my chest. I am sure you already knew everything above but at least this will explain a lot of things. If not... you guys really don´t have a clue about anything, do you?

I trust you and I hope you will not use it against me but if you do... too bad then. I guess I was the one looking for it.

domingo, 19 de abril de 2009

Día 4. Comunidad Emberá. Panamá.



















Vamos a pasar el día con los indios emberás. María conduce hasta el río Changres, el más importante de Panamá, donde nos esperan el Sr. Neldo (el jefe de esta comunidad) y otro guía. En el camino paramos para comprar algo de fruta y alucino con los bares y restaurantes de alrededor. A las fotos os remito.

Subimos al pequeño cayuco y comienza la excursión. No podemos llegar hasta el lago porque no ha llovido en tres meses, el nivel del agua es bajísimo. Caminamos hasta allí y nos bañamos durante una hora. Después volvemos a montar en el cayuco y llegamos hasta Tosipono, el pequeño pueblo donde vive la comunidad con la que vamos a pasar el día. Los hombres nos reciben tocando música y las mujeres nos saludan y nos muestran el camino. Me da la impresión de que las mujeres están hasta el mismísimo de hacer el numerito para los turistas. Apenas nos miran y caminan con desgana. Antes de que convirtiesen esta zona en un parque natural protegido, los indios subsistían gracias a lo que cultivaban, ahora deben hacerlo con lo que les dejamos los turistas. También han tenido que cambiar algunos de sus hábitos. Las mujeres siempre han llevado el pecho descubierto pero ahora tienen que cubrírselo. Es gracioso, la única que se ha negado a hacerlo es la más anciana.

Nos llevan hasta una pequeña cabaña donde nos ofrecen fruta, patacón y pescado. Delicioso aunque intento no pensar en cómo lo han preparado... Ya sabéis, en esta aldea no hay ni agua corriente ni electricidad. Es curioso. Viven como hace 500 años y, sin embargo, ¡los hemos llamado al móvil para avisarles de que íbamos hoy! La pregunta del día es... ¿cómo cargan la batería?

Después de comer nos enseñan los productos que fabrican y nos ofrecen un baile. Nuestro guía, que aparece en las fotos, me invita a bailar con él. Al principio rechazo su invitación pero todo el mundo está bailando y temo ofenderlo así que nos cogemos de las manos y bailamos una canción que a mí se me hace eterna. Ya sabéis lo que me gusta bailar, qué vergüenza...

Damos una vuelta por el pueblo y vemos cómo secan el pescado que acabamos de comer. Mejor ahorro detalles. También hablamos con los niños. Nos dicen que no han empezado el colegio (al que van en cayuco) todavía. María nos aclara que han tenido que aplazar el comienzo del curso en Panamá porque en verano es normal que saqueen las escuelas. Aún no les ha dado tiempo a reparar daños y material.

El Sr. Neldo y el guía nos llevan hasta donde hemos dejado el coche. Unos tíos venden "polo flash" de piña hechos en casa. Hacemos de tripas corazón y compramos uno. ¡Total, si hemos comido en una aldea donde las condiciones higiénicas son más que discutibles, esto no nos va a matar! (no lo hace. De hecho, estaban riquísimos).

Volvemos a Panamá, donde visitamos el templo de la religión baha´i. Fue construido en 1965 y costó la friolera de $1.000.000 de la época. No puedo evitar la curiosidad y le explico a un chico baha´i que se ofrece a responder nuestras preguntas que de dónde sacan el dinero para mantener tantos templos en todo el mundo. Contesta que gracias a donaciones particulares de la comunidad baha´i. Huele a secta...

Cenamos en un restaurante griego y después vamos a un hotel de 5 estrellas a tomar unas copas. Un aparcacoches se encarga de que no tengamos que molestarnos en meter el coche en el garaje. Todo pijísimo y estupendísimo, me agobia pensar que sólo unos pocos privilegiados -incluida una servidora, claro- pueden disfrutar de estos lujos en este país.

jueves, 16 de abril de 2009

Día 3. Lunes. Panamá.







María se va a trabajar y Ali y yo decidimos relajarnos en la "zona social" del edificio. Usease, la piscina. Después de tirarnos media mañana tumbadas a la bartola, nos ponemos monas para ir a buscar a María, hemos quedado con ella para comer.

Primer desafío. Parar un taxi. María nos ha dado algunos consejos: preguntar el precio antes de montarnos (no tienen taxímetro) y, si es necesario, regatear; no asustarnos cuando se suban otros estando nosotras dentro y, sobre todo, acordarnos de las oraciones que rezábamos de pequeñas, las vamos a necesitar.

Nos subimos a un taxi en el que ya hay una pasajera. Yo voy sentada atrás, a la derecha. Me paso el recorrido agarrada al asiento mientras rezo lo que me sé del rosario. No lloro de milagro. Aquí no se cede el paso ni se para en los "stops". Es la ley del más fuerte: me meto yo antes de que lo hagas tú. Nada malo de no ser porque estamos en una ciudad de más de un millón de habitantes y que no está hecha para andar. Todo el mundo (mal) conduce.

Bajamos medio mareadas. Nos hacemos unas cuantas fotos delante del edificio de Doña María (su nombre a partir de ahora, ¡hay que ver dónde trabaja la niña!) y, de repente, vemos a un hombrecillo subido a una moto. Empieza a dar vueltas alrededor nuestra mientras nos grita algo. Yo entiendo: "Ay omá, omaíta...". Entramos al edificio y le pregunto a Ali qué decía el amigo. Alguien responde por ella: "Oh my god!" Me vuelvo y ahí está nuestro admirador, un calco del Cuñao del Risitas, que nos guiña un ojo. Apenas puedo contener la risa.

Vamos a un centro comercial que ni los de Puerto Banús: Gucci, Versace... Las diferencias sociales y económicas son tremendas aquí. Comemos algo y María vuelve al trabajo. Ali y yo matamos el tiempo dando una vuelta y alucinando con los precios.

María está libre por hoy. Damos una vuelta por la "zona revertida" donde vivían los americanos que controlaban el Canal. Preciosa. Después vamos al aeropuerto a recoger a Ana y Dory, que vuelven de Bocas. Cenamos pinchos y ceviche en el Paseo Amador (Causeway), un puerto deportivo calcaíto a los de Marbella. Ali se siente como en casa. =)