tomo el relevo y os pongo al día (no, la noticia no ha llegado hasta aquí. Sigo "Sé lo que hicisteis" por internete).
¡Tenemos chico nuevo en la oficina! !No se llama Emilio y es divino! (si no os viene a la memoria el anuncio de Farala podríais haber empezado a leer a partir de aquí). Pues sí, bibliotecario nuevo. Alto, pelo castaño, ojos azules.... tiene a todo el sector femenino revolucionado y al masculino muerto de envidia y haciendo chistecitos al respecto. Por supuesto, la primera víctima fue una servidora. En unos de mis momentos Reyes Jones, mi director me preguntó a voces (y delante de la otra bibliotecaria) si iba a pasar mucho tiempo en la biblioteca a partir de ahora. Como además de incontinencia verbal tengo graves problemas para controlar mis famosísimas chapetas, por supuesto me puse como un tomate. Mi dire, muy gracioso él, se dio cuenta y para rematar añadió: "Bueno, si se ha puesto roja. Eso es porque le gusta". Rauda y veloz me escondí en la sala de profesores. De repente entran dos profes y me dicen: "No te puedes imaginar lo que nos ha pedido el director. Nos ha dicho que te buscásemos y te dijésemos la palabra "biblioteca" para ver cómo te subían los colores". Decidí volver a mi clase hasta que se me pasase el sofoco y allí en el pasillo seguía mi señor director, partiéndose de risa. Me planté frente a él, brazos en jarra, y le solté uno de los peores "piropos" que me ha enseñado Katie durante estos meses. Aun así siguió metiéndose conmigo hasta que me perdió de vista.
Por la noche fuimos a ver "Mamma Mia!". Ya sabéis, ese musical que iba a ver cuando me pegué la leche con el coche. Esta vez no tuve tan mala suerte y pude verlo. Cómo me alegro de no haberlo visto en Madrid con las canciones traducidas al español. Aunque la historia es muy floja, sólo por ver los números musicales y, por supuesto, por escuchar las canciones de ABBA en directo merece la pena. Sobre todo el final, con todo el público bailando y cantando.
Hoy hemos ido a la peluquería y he pagado $40 para que me lavasen la cabeza y me dijesen lo bien que me tinto el pelo yo solita. Mamá, tranquila, esta vez no es ni rojo ni granate. Ni siquiera malva. He vuelto a mi castaño natural, eso sí, con reflejos rojizos. A lo que iba. Hay que joderse con la peluquera de las narices. Por no decir lo que rima con cajones. Le he dicho que me sanease las puntas pero que no me cortase demasiado y, bueno, cuando he mirado al suelo me he preguntado dónde estaría el pelo que supuestamente me había cortado. Después de secármelo, y mientras esperaba a Katie, me he puesto a mirarme las puntas y allí seguían ellas todas abiertas y amarillas. Se lo he dicho y la hija de la gran... me ha dicho que espere un mes o así y vuelva. Una mi.......... Cuando hemos vuelto a casa, y antes de liarnos con los Margaritas, Katie y yo hemos hecho de peluqueras y le hemos dado un repaso al "corte" que la petarda me ha hecho. A este paso mañana me toca raparme la cabeza.
Cambiando de tema. Ya hemos reservado los hoteles para Spring Break. Vamos a Orlando (Florida), donde la hermana de Katie tiene un apartmento. Como los billetes de avión costaban un riñón, vamos a conducir. 12 horas hasta Orlando y unas 19 hasta Miami, hemos decidido no hacerlo de un tirón y parar en el camino a descansar y, de paso, hacer más turismo. En la ida pararemos en Savannah y en la vuelta, por abrumadora mayoría (aunque sólo seamos dos), de nuevo en Charleston.
Nada más por hoy. Me espera mi Margarita...