jueves, 26 de febrero de 2009

Había una vez...


La historia que sigue a continuación está basada en hechos reales. Para proteger la identidad de las víctimas, se han cambiado algunos nombres de personas y lugares.

una hechicera que estaba deseando dar a conocer la cultura e historia de su país en el reino de la Buena Moral. Un buen día, y tras descubrir que los habitantes de este lugar estaban estudiando el auge del fascismo en Europa y la 2 Guerra Mundial, decidió trabajar en un proyecto que, a primera vista, le pareció de lo más interesante e instructivo. Pensó en mostrar el "Guernica" a los lugareños, analizar su significado y, posteriormente, hacer que éstos reprodujesen la obra maestra de Picasso. El resultado sería expuesto en el muro junto a su cueva. Por supuesto, la hechicera tuvo que pedir permiso al rey del país quien, tras observar atentamente una obra hasta entonces desconocida para él, accedió con una condición: los habitantes que no estuviesen casados no podían ver NI REPRODUCIR ciertas partes del cuadro porque, de acuerdo a las leyes del reino, eran obscenas. En otras palabras, los pechos de las mujeres no podían quedar expuestos, debían ser cubiertos.

La hechicera, al principio, pensó que el rey bromeaba. Desde su más tierna infancia había visto reproducciones de esta obra por doquier. Recordaba que, allá por el Cinquecento, Miguel Ángel había sido obligado a tapar las partes pudendas de los hombre y mujeres que había pintado en la Capilla Sixtina pero, claro, de eso hacía 500 años. No creía que algo así pudiese repetirse en un país tan moderno y en el que presumían de tantas libertades. Alabó el ingenio y buen humor del rey y volvió a pedir permiso. Éste reiteró sus condiciones, no era broma.

La hechicera, sin dar crédito a lo que escuchaba, se retiró a cavilar. Los consejeros del rey le recomendaron olvidarse del proyecto y escoger otra obra. Sin embargo, la hechicera era demasiado orgullosa para rendirse. Accedió a los deseos del rey pero bajo nuevas condiciones: enseñaría la obra tal y como la había pintado Picasso, sin censura, pero los súbditos del reino la reproducirían de acuerdo a los límites que imponían las normas de la Buena Moral. Ocultarían los senos de ambas mujeres, mutilando así una obra maestra que ha impresionado a crítica y público durante más de 80 años.

A pesar de haber llegado a un acuerdo, la hechicera no conseguía olvidarse del asunto. Al fin y al cabo, estas personas a las que se pretendía proteger pasaban el día cazando y mutilando zombies con sus videoconsolas; hacían fotos de esas partes de su cuerpo que no podían ver en el cuadro para enviarlas a sus amigos y la gran mayoría pasaba el día buscando información y fotos sobre esas partes del cuerpo que el rey consideraba obscenas. Por estos motivos, pidió consejo a una hechicera que llevaba toda su vida en el país de la Buena Moral. Ésta le contó algo que le había pasado a ella unos años antes...

Había una vez una vieja hechicera que decidió mostrar a los súbditos adolescentes del reino las maravillas que éste albergaba en un viejo museo. Todos disfrutaron de la visita. Tanto que, al volver a casa, comentaron a sus padres lo que habían visto: paisajes; mágicos huevos de oro y piedras preciosas que contenían sorpresas y... ¡lo nunca visto! Mientras cambiaban de una galería a otra, uno de ellos vio, por el rabillo del ojo, la estatua de un guerrero que sostenía una espada en alto. ¡Un guerrero DESNUDO! Los padres montaron en cólera. Acudieron a palacio para quejarse al rey, quien tuvo que llevar el caso al Consejo de Sabios. Todos estaban furiosos con la hechicera, que debería haber previsto que los "niños" podían quedar expuestos a tamaña obscenidad. La hechicera habría sido lapidada de no haber intervenido el rey, quien, a partir de entonces, decidió prohibir cualquier representación de la anatomía humana.


Después de conocer los hechos que habían ocurrido apenas unos años antes, la joven hechicera lo comprendió todo. Este reino se regía por el Miedo, no por la Buena Moral.

lunes, 23 de febrero de 2009

¡ENHORABUENA!



Por segundo año consecutivo veo a un actor español llevarse el Oscar en vivo y en directo desde Yanquilandia. La verdad es que cuando actúa en español y, sobre todo, está bien dirigida, Pe lo borda. En la película de Woody Allen se merienda con patatas a la sosa de la Johanson y hasta a Bardem.
Qué bueno también (tanto en el sentido literal como en el figurado) Hugh Jackman al comienzo de la gala...
¡Por fin! ¡Por fin le han dado el Oscar a la Winslet! Quienes la hemos visto en "Revolutionary Road" y "The Reader" lo teníamos claro. No, clarísimo. Lo de Penélope ha sido suerte con un buen papel, lo de Kate es TALENTO. Con mayúsculas. Como el de Sean Penn. Qué grandes.

domingo, 22 de febrero de 2009

Boston y los bostonianos



O eso quisiéramos. Sí, ya lo sé. Mi flequillo. Corría mucho aire y se me quedó así, ¿vale? Juro y perjuro que ahora está mejor.

¿Por dónde voy?


Al buen tiempo...




¡mejor cara! ¿No parece una de las casas la de "Terror en Amityville"?

El amor es (definitivamente) ciego.




El fin de semana pasado (13 a 16 de febrero) estuve en Boston para un curso de perfeccionamiento. Aquí, en lugar de hacerte ir al CEP más próximo, te pagan avión y hotel en una de las ciudades más carismáticas de la costa este. Por mí estupendo.

Llegué el viernes a las tantas de la noche después de que cancelasen mi vuelo original por problemas técnicos. Nos consiguieron otro vuelo y, sorpresa, sorpresa, mi asiento estaba en la fila 13. Una, que ya estaba mosqueada, no conseguía quitarse de la cabeza el dicho "en martes y 13 ni te cases ni te embarques" y, aunque era viernes, me parecía ver la frase de marras en luces de neón por todas partes. Mi compañero de fila, muy atento, me ayudó a colocar el equipaje en el portamaletas y, al hacerlo, se fijó en el colgante que llevaba puesto (la mano de Fátima). Me preguntó que dónde lo había conseguido, contesté que en Marruecos, respondió que él había estado allí con el ejército y que su familia era de Siria y añadió: "Por cierto, tengo un gafe impresionante. Cada vez que me subo a un avión pasa algo". Genial. Como una no es paranoica ni nada, su compañero árabe de asiento la ayuda a tranquilizarse con una dosis doble de cafeína. Por supuesto, tuvimos algunas incidencias durante el vuelo: turbulencias, la noticia de que una avión se había estrellado cerca de Nueva York pocas horas antes y habían muerto todos los pasajeros... Mi compañero (Yamil) y yo estuvimos hablando durante todo el trayecto y, como buen caballero, me comentó que quería invitarme a tomar algo durante el vuelo. Estuve a punto de pedirle un whisky doble y un valium pero me conformé con una Coca-Cola. Al final llegamos a Boston sin problemas.

El curso fue bastante interesante y, a pesar de que Pat, mi compañera de cuarto (y colegio), controlaba todos y cada uno de mis movimientos, conseguí escaquearme y disfrutar de Boston (y su cerveza) con Taylor, un compañero de cole que había llegado horas antes. Como nos pagaban las cenas (un máximo de $43, un dineral aquí. Eso sí, para beber agua o fanticola. Si queríamos vino -y queríamos- teníamos que acoquinarlo nosotros), disfrutamos de una cena estupenda en el mejor restaurante italiano de Beacon Hill el día de San Tontín y otra no menos buena en el restaurante del hotel Hilton el domingo. Como lo bueno dura poco, el lunes por la noche regresé a Richmond y el martes vuelta al cole con mis fieras.

Parecía que este fin de semana no iba a llegar nunca. Con la tontería he trabajado 12 días sin descanso (el curso era de 8 de la mañana a 3 de la tarde) así que el viernes tuve que aguantar a base de café, chocolate y mucho bailoteo con los niños. Ayer fui al festival de cine chino de Carytown y vi la versión china de "Carta de una desconocida", esa peli de los años 40 con el guapísimo Louis Jourdan y Joan Fontaine. La versión oriental es casi igual de buena y su directora y protagonista, Xu Jinglei, tiene tanto talento y belleza como la Fontaine PERO (y es un "pero" enorme) Jiang Wen, el actor que toma al relevo a Jourdan no es feo, es F-E-Í-S-I-M-O. No sólo para mis estándares. No le vemos la cara hasta que, en una escena, la prota choca con él y queda encandilada. Tendríais que haber escuchado las risas que produjo ese encuentro. Justo a mi lado había dos chicas asiáticas y se partían de risa por la elección del protagonista. En serio, jamás he visto un hombre que se parezca tanto a una tortuga. A las fotos os remito como prueba. Puesto que la protagonista se enamora de él cuando es una adolescente (y el físico lo es TODO a esa edad), me pasé toda la película preguntándome que veía esta guapísima mujer en un hombre que no tenía ni el físico ni el carisma (*)... ¿La prueba definitiva de que el amor es realmente ciego?

(*) Y esto lo dice una servidora, quien, como bien sabéis, siente predilección por los "raros".

domingo, 8 de febrero de 2009

El regreso.

Es el título de una famosa película de los años 70 protagonizada por Jon Voight y Jane Fonda, un dramón con todas las de la ley que reflejaba las devastadoras consecuencias de ese gran error que fue la guerra de Vietnam.

Ahora también podría ser el título de esta interminable película protagonizada Reyes Jones.

A petición popular, vuelvo a escribir. Eso sí, sin ganas ningunas.

La verdad es que dejé de hacerlo por pura pereza. Facebook y youtube le quitaron el trono al que era mi entretenimiento favorito. Paradojas de la vida, sí que he estado actualizando de forma regular el blog en el que escribo en inglés, supongo que porque escribir sobre las penas en un idioma que no es el tuyo hace que se hagan más llevaderas.

A pesar de todo, no he podido escribir sobre la muerte de mi abuelo hasta este momento, tres semanas después. No, miento. También lo hice cuando visité una iglesia católica aquí, mientras él era enterrado en España. Encendí una vela y, junto al pequeño altar, había un libro de visitas y un bolígrafo. Aproveché para desahogarme y decirle todo lo que no pude cuando me despedí de él en el hospital. En español, claro.

Por lo demás, todo sigue igual. Bueno, igual no. Algo ha cambiado. Y mucho. Pero para escribir sobre esto sí que necesito hacerlo en el idioma de Shakespeare, no encuentro las palabras en la lengua de Cervantes. Quién me lo iba a decir.

El baile del cole.




Hubo de todo. Concurso de disfraces, escotes varios y el director haciendo el indio.

La España profunda.


Linares (Jaén). Pintada enfrente del hospital de San Agustín. No es broma.

Los españoles atacan Richmond


antes de la tormenta, claro.

Y pensábamos que las habíamos visto todas el año pasado...


John y Jackie.


Cementerio de Arlington, Washington DC. Delante de la tumba de J.F. Kennedy y su esposa Jackie.

Maymount



Con los de verdad...
y el de mentira.

Otoño en Richmond.