miércoles, 11 de marzo de 2009

Lo que da de sí un fin de semana

El lunes de la semana pasada estábamos de nieve hasta el cuello y cuatro días más tarde estábamos en tirantes, a más de 30 grados. Todo el mundo se lanzó a la calle, había gente por todos lados. Después del durísimo invierno que hemos tenido, se echaba de menos el ambiente primaveral. Lástima que nos haya durado tan poco, ayer tuvimos que volver a las botas y el abrigo.

Aquí va un resumen del fin de semana.

El viernes, después de decirle a los niños -por enésima vez- que me dejasen tranquila y no me siguiesen como si yo fuese Mamá Pata, salí corriendo tan pronto como tocó el timbre. Unas compañeras y yo fuimos a tomar unas cervezas y después volvimos al cole a ver una obra de teatro que dirigían dos compis. La obra, una versión "posmoderna" de Blancanieves, estuvo bastante bien pero, claro, después de las cervecitas y estando sentada durante más de dos horas y media en la oscuridad entra un sopor...

El sábado pasé el día conmigo misma. Comí en el centro, paseé durante tres horas por unos jardines en las afueras... Después, y aunque ninguno de vosotros lo va a creer, fui a misa. Como lo habéis leído. Había quedado con una amiga para cenar y me llamó para decirme que si me importaba quedar más tarde porque quería ir a la iglesia (ella es protestante). Me picó la curiosidad y le pregunté que cómo eran sus servicios religiosos y cuando me dijo que, básicamente, se pasaban la hora cantando, le pregunté que si le importaba que la acompañase. Phil y su novio Preston también se apuntaron. La verdad es que flipé. Para empezar, entras en una salita donde te sirves café o cualquier otra bebida y, con ella en la mano, entras en una iglesia donde todo el mundo va en vaqueros y chanclas menos tú. Al fondo, una pantalla enorme con la cuenta atrás hasta el servicio. Uno de los tíos más guapos que he visto en mi vida se sube al altar y, guitarra en mano, se pone a cantar. Es el "worship leader". De pronto sube una chica, también monísima, y le acompaña. Desde abajo, uno toca la batería y otro el teclado. La gente canta, baila, toca las palmas... En la pantalla proyectan las letras de las canciones para que todo el mundo se una. Más que en una iglesia, creo estar en un concierto.

No sé si habréis visto la película Borat, si lo habéis hecho recordaréis el final, cuando el protagonista alucina al ver cómo la gente prácticamente entra en éxtasis mientras levantan las manos al cielo y gritan el nombre de Jesús. Pues igual. El tío bueno canta tres canciones y después el pastor toma la palabra. Lleva una camisa vieja, vaqueros y chanclas. Nos habla de su hijo, de cosas familiares y cede la palabra a su padre. Éste sí que nos da un sermón que casi me hace caer en los brazos de Morfeo. Lo que más me sorprendió fue que, mientras hablaba, la gente gritaba desde sus asientos: "Sí, así es" "Aleluya". Un chow. Para terminar, el tío bueno y la chica monísima vuelven a subir al escenario, perdón, al altar y empiezan a cantar. Es el momento de comulgar. El pastor ha dejado un cuenco con el Cuerpo de Cristo y una copa de vino en una mesa. La gente, en fila, se acerca a ella, toma la comunión y enciende una vela. Todos menos yo, claro. Nos despiden y hasta la próxima. Rebecca, Phil, Preston y yo nos fuimos después a cenar a un restaurante cubano para beber mojitos y expiar nuestras culpas.

El domingo, por la mañana, fui al cine a ver Ciudadano Kane. Hay un ciclo de pelis clásicas y, en lugar de fanticola, sirven mimosas (un cóctel a base de champán y zumo de naranja). Después de verla, quedé con Phil, Preston y Katie para dar una vuelta por Church Hill y comer. Katie volvió a casa y nosotros tres nos fuimos a ver tiendas. Entramos en una donde tenían objetos de decoración de todo el mundo. La dueña, muy viajada y leída ella, se puso a hablar con nosotros y nos comentó que era pintora, que había viajado por medio mundo y hablaba tropecientos idiomas... En un momento determinado, nos preguntó que de dónde éramos. Contestamos (Phil de Australia; Preston de Canadá) y al decirle que yo era de España, contestó: "Ah, España, ¡qué bien! Mi hija va a estudiar en Madrid durante un año". ¿En serio?, respondí. Le va a encantar, es una ciudad preciosa. "Sí, bueno, escogimos Madrid porque quiero que mi hija sepa lo que es vivir en un país del Tercer Mundo. Mi padre es de Marruecos, ¿sabes?". Ya os podéis imaginar cómo me puse. Phil y Preston tuvieron que sujetarme los brazos porque pensaban que la iba a guantear. Al día siguiente, comenté la "anécdota" en el colegio. Una de las profesoras, de origen filipino para más señas, me dijo: "¡Qué barbaridad, pensar que España, que está en Europa, es un país del Tercer Mundo! Ni que estuvieses hablando de Filipinas, China o JAPÓN". Luego me contáis cómo os habéis quedado.

martes, 3 de marzo de 2009

De nieve hasta el cuello







Dos días que llevamos sin poder ir a trabajar debido a la nevada del domingo por la noche. Ahora mismo me estoy acordando del diario del mejicano que se fue a vivir a Toronto. Qué bonita que es... hasta que pasa el boludo de la apisonadora y tienes que palear de nuevo. =)

Celebrando





el Día de Andalucía en las Américas.
Catherine, una americana que ha pasado bastante tiempo en Conil, nos invitó a la cena que había organizado en su casa para celebrar el 28 de febrero. En la tele, "Los Montoyas"; La Niña Pastori como música de fondo y, bueno, atentos a la decoración...