jueves, 16 de abril de 2009

Día 3. Lunes. Panamá.







María se va a trabajar y Ali y yo decidimos relajarnos en la "zona social" del edificio. Usease, la piscina. Después de tirarnos media mañana tumbadas a la bartola, nos ponemos monas para ir a buscar a María, hemos quedado con ella para comer.

Primer desafío. Parar un taxi. María nos ha dado algunos consejos: preguntar el precio antes de montarnos (no tienen taxímetro) y, si es necesario, regatear; no asustarnos cuando se suban otros estando nosotras dentro y, sobre todo, acordarnos de las oraciones que rezábamos de pequeñas, las vamos a necesitar.

Nos subimos a un taxi en el que ya hay una pasajera. Yo voy sentada atrás, a la derecha. Me paso el recorrido agarrada al asiento mientras rezo lo que me sé del rosario. No lloro de milagro. Aquí no se cede el paso ni se para en los "stops". Es la ley del más fuerte: me meto yo antes de que lo hagas tú. Nada malo de no ser porque estamos en una ciudad de más de un millón de habitantes y que no está hecha para andar. Todo el mundo (mal) conduce.

Bajamos medio mareadas. Nos hacemos unas cuantas fotos delante del edificio de Doña María (su nombre a partir de ahora, ¡hay que ver dónde trabaja la niña!) y, de repente, vemos a un hombrecillo subido a una moto. Empieza a dar vueltas alrededor nuestra mientras nos grita algo. Yo entiendo: "Ay omá, omaíta...". Entramos al edificio y le pregunto a Ali qué decía el amigo. Alguien responde por ella: "Oh my god!" Me vuelvo y ahí está nuestro admirador, un calco del Cuñao del Risitas, que nos guiña un ojo. Apenas puedo contener la risa.

Vamos a un centro comercial que ni los de Puerto Banús: Gucci, Versace... Las diferencias sociales y económicas son tremendas aquí. Comemos algo y María vuelve al trabajo. Ali y yo matamos el tiempo dando una vuelta y alucinando con los precios.

María está libre por hoy. Damos una vuelta por la "zona revertida" donde vivían los americanos que controlaban el Canal. Preciosa. Después vamos al aeropuerto a recoger a Ana y Dory, que vuelven de Bocas. Cenamos pinchos y ceviche en el Paseo Amador (Causeway), un puerto deportivo calcaíto a los de Marbella. Ali se siente como en casa. =)

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