lunes, 11 de febrero de 2013

La mujer que quería ser colada

Como se acerca San Tontín, últimamente tengo tan abandonado el hábito de escribir y tengo una historia que contar, aquí estamos. Antes de comenzar, debo advertir que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. O no.
Digamos que tengo una amiga, a la que llamaremos Brígida. Brígida nunca ha tenido demasiada suerte con los hombres, de hecho ella misma se autodenomina "imán para frikis". Si hay alguno a la redonda, tranquilas, es cosa suya. En su historial cuenta con un fanático religioso, un coleccionista de pendientes, un acosador con nombre de elefante de dibujo y un cansa-autor.
Digamos que Brígida siempre va a la misma tienda de revistas*; le pilla cerquita, tienen gran variedad y el dueño es bastante atento. Quizá demasiado. Pero no me adelanto.
Nuestra Brígida es algo despistada, se niega a usar gafas y nunca ha tenido buen radar, así que no pilla de la misa la mitad. Vale, esta expresión no pega, pero ahora que el Papa ha resignado me he sentido obligada a meterla con calzador. Ya sabéis, para demostrar que esta historia es de máxima actualidad.
A lo que iba. Decíamos que Brígida no está muy receptiva últimamente. Sin embargo, sus amigas son otra cosa. Hartas de ver a Brígida repetir siempre la misma historia, como si estuviese viviendo el Día de la Marmota**, deciden tomar cartas en el asunto.
- Brigi, bonita, ¿no has visto cómo te mira el revistero***? Apostaríamos el anillo de Tous a que le gustas.

Brígida, que hasta ese momento ni había reparado en el chaval, decide prestar atención a cualquier posible señal. Y vaya si las hay: revistas gratis, descuentos en cada compra y alguna que otra cosquillita en el estómago****. De repente, Brígida se siente más feliz que una perdiz.***** Y es que, aunque el chaval no es precisamente su tipo, un poco de atención no viene mal cuando la autoestima está regular.

Y, por primera vez en su vida, Brígida siente que su suerte está a punto de cambiar porque el revistero es de lo más normalito y no un tío raro, raro, raro.

Brígida y el revistero, al que llamaremos Zanussi******, terminan por intercambiar sus números de teléfono. Aunque Brígida sigue sin estar segura de lo que siente, charlan todos los días y la cosa******* promete. Tanto, que Zanussi invita a Brígida a la presentación de una nueva revista. Brígida, que ante todo -y sobre todo- es adicta a las revistas, acepta encantada. Quién sabe, quizá la copita de champán de después dé pie a algo más********.
Por fin, y después de tres meses de tonteo, flirteo y todo lo que acaba en -eo, llega el día de la presentación. Brígida está nerviosa, convencida de que Zanussi se va a lanzar. Ha quedado en verlo en el local de la presentación, así que, vestida con sus mejores galas, hace su entrada triunfal. Saluda a Zanussi y a sus amigos con un par de besos y, cuando parece que la noche va a ser coser y cantar, Zanussi dice que tiene que marcharse. Es la una de la madrugada.
Brígida termina su copa, se despide de los amigos de Zanussi, y media hora después de que éste se largase, regresa a casa. Le envía un mensaje.
- Quillo, ¿qué ha pasado? ¿Me dejas con tus amigos y te vas?
- Verás, Brigi. No te lo tomes a mal, pero he venido a casa porque tenía que poner una lavadora.
 - o_0 ¿Me has dejado plantada para hacer la colada?
- Sí, bueno, a lo mejor no ha estado muy bien porque eras mi invitada, pero es que soy un poco raro.

 Y, colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

 * qué listas sois. Cierto, no es una tienda de revistas, pero no se me ocurría nada más original.
 ** frase culta que pretende impresionar y es sólo apta para cinéfilos.
*** Según Wordreference, que es la mar de internacional, revistero es "mueble para colocar revistas y periódicos", pero... ¿cómo se denomina al que vende revistas en una tienda?
 **** ya, sé que mariposas en el estómago queda más bonito, pero no estamos hablando de lo mismo. Lo que quiero decir es que el tendero (ver punto ***) le hace cosquillas a Brígida en la panza.
 ***** que a saber de dónde ha salido esa expresión. Porque digo yo que la pobre perdiz no piensa lo mismo, servida en una bandeja para que un príncipe de color imposible y una princesa que odia los guisantes den buena cuenta de ella.
 ****** pista importante de lo que está a punto de ocurrir.
******* la cosa es la posible relación, no el revistero.
******** lo siento, es un blog para todos los públicos, así que no puedo incluir ningún momento erótico-festivo.

viernes, 13 de enero de 2012

Lo que Facebook se llevó...

Con lo que me gustaba a mí escribir y lo abandonado(s) que tengo lo(s) blog(s) desde que me enganché a FB...
Supongo que una de las consecuencias de leer a Galeano es que, de repente, tus neuronas resucitan y tu linda cabecita deja de ser el adorno que llevas sobre el (corto) cuello para ponerse a pensar.
Ya sabéis que siempre he tenido muchísimas dudas sobre la existencia (o no) de Dios pero que, sin embargo, he creído firmemente en el destino. No me preguntéis qué es esto último porque no lo sé. Quizá cuando acabe el libro de Galeano pueda responder, ahora mismo me resulta imposible.
Lo que sí sé es lo siguiente.
De no haber sido tan amiga de Hortensia, no habría estudiado en Jaén.
De no haber estudiado en Jaén, no habría conocido a Jesús.
De no haber conocido a Jesús, no habría podido cuidar a Nadia.
De no haber cuidado a Nadia, no habría conocido a su mamita.
De no haber conocido a su mamita, no me habría planteado solicitar una beca para trabajar en EEUU.
De no haber solicitado esa beca, no habría vivido un año en Nueva York.
De no haber vivido un año en Nueva York, no me habría presentado a oposiciones.
De no haberme presentado a oposiciones, no habría aprobado.
De no haber aprobado, no habría trabajado en Baeza.
De no haber trabajado en Baeza, no habría conocido a Carmen y Cristinica.
De no haber conocido a Carmen y Cristinica, no me habría agobiado tanto en La Carolina.
De no haberme agobiado en La Carolina, no me habría apuntado a la escuela de idiomas.
De no haberme apuntado a la escuela de idioma, no habría conocido a Isabel.
De no haber conocido a Isabel, no habría tenido ganas de lanzarme a la aventura.
De no haberme lanzado a la aventura, no habría solicitado volver a EEUU.
De no haber solicitado volver a EEUU, no habría trabajado en Moody.
De no haber trabajado en Moody, no habría vivido en Richmond.
De no haber vivido en Richmond, no habría conocido a Katie.
De no haber conocido a Katie, no me habría conocido a mí misma.
De no haberme conocido a mí misma, no habría conocido a MM.
De no haber conocido a MM., no me habría calentado tanto la cabeza.
De no haberme calentado tanto la cabeza, no habría sido yo misma.
De no haber sido yo misma, no habría leído tanto.
De no haber leído tanto, no habría conocido a Descartes.
De no haber conocido a Descartes, no habría aprendido la expresión "Pienso, luego existo".

miércoles, 26 de enero de 2011

Parece mentira...

que haya pasado un año.
No es de extrañar que me haya decidido a escribir de nuevo precisamente hoy. No puedo dormir y llevo todo el día pensando. Pensando en KT, en lo injusta que es la vida, en mi vida...

Nunca he tenido muy claro que quiero hacer con ella. Me refiero a mi vida, por supuesto. Lo que sí tengo claro es lo que no quiero hacer. No quiero pasarme la vida ahorrando, pagando una hipoteca, para que el día menos pensado el buen Dios decida que me quiere y necesita tanto que ha llegado el momento de tenerme a su lado (ya, ya... es lo que me dijo la psicóloga, con toda su buena fe, después de comunicarme la noticia. Menudas luces...). No quiero ser un ama de casa de provincias. No quiero dejar de aprender. No quiero conformarme con el primero que se cruce en mi vida por eso de que "se pasa el arroz". De hecho, ni siquiera sé si quiero tener hijos y pasar de ser yo a ser la mamá de ellos. No quiero gastarme un dineral en un vestido blanco y radiante de usar y tirar. No quiero que nadie dependa de mí porque ya tengo bastante con depender de mí misma.

KT siempre decía que había que vivir a tope y aprovechar el momento y, desgraciadamente, el destino le dio la razón. Se burlaba de mi "conciencia católica". Si algo aprendí con KT fue a ser realmente yo, a hacer lo que me diese la gana sin tener que rendir cuentas a nadie pero, al fin y al cabo, la cabra tira al monte y siempre acababa por arrepentirme de lo hecho / dicho / escrito. Hablando de cabras, ¿habrán rescatado a ese pobre animal que lleva atrapado una semana en un risco? Me parece fortísimo que se haya convertido en un circo mediático y los curiosos se acerquen para contemplar, en vivo y en directo señores, la agonía de un animal. Mejor dejo el tema que si no termino hablando de toros...

A lo que iba. Mi madre siempre me recrimina el ser tan manirrota y, haciendo cuentas, mucho me temo que lleva razón. Desde que empecé a trabajar, no ha habido un solo mes en el que no haya pagado coche, piso y teléfono. Con lo bien que me habría venido abrirme una cuenta de ahorro vivienda y ese tipo de polladas que tienen las personas con la mente bien centrada. Sí, veo los pisos que se han comprado mis amigos y me corroe la envidia pero después pienso que, mientras esas hormiguitas se dedicaron a trabajar y ahorrar, esta cigala se dedicó a trabajar, vivir la vida y viajar. Si el precio de tener libertad es ser una solterona viviendo en régimen de alquiler... ¡Viva la vida!

PD. KT, donde quiera que estés, gracias mil. Gracias por haberme abierto los ojos y, sobre todo, la mente. No voy a desearte que descanses en paz porque tú no querías eso. Espero de todo corazón que estés en el infierno, con una mano sujetando un vaso de vodka con hielo y con la otra agarrando el culo de Cary Grant. Amén.

miércoles, 10 de febrero de 2010

KT


Siento colgarlo en inglés pero lo escribí para ella, y éste es el idioma en el que hablábamos, nos reíamos y nos contábamos nuestras confidencias. No puedo creer que esto haya pasado, todavía sigo pensando que estoy viviendo una pesadilla y que en cualquier momento va a sonar el despertador...

I´ve always believed in fate.

When Hamish asked me if I would mind waiting for another teacher at the airport, I said it was not a problem. Then I saw you and I knew it was meant to be. You looked like a Jane Austin´s character, wearing that grey skirt you used to love so much and struggling with the biggest suitcase I had ever seen. When we asked you how your trip had been, I was expecting a polite “good, thank you” but your answer was “a bloody nightmare it was”. I immediately liked you.

We sat at the back of the car and I could not understand a single word you said but I liked your friendliness and that easy smile of yours. Everybody remembers your smile… and the fact that you had “good teeth for a Brit”.

We decided to live together the very next day. We were sitting at Mojo´s and you said “you know, I love having a chat while enjoying a drink”. I responded “yes, that´s me too… I was thinking of sharing an apartment… why don´t we live together?” Lucky me, your answer was yes.

From that moment you became my friend, my family, my rock and my Jiminy Cricket.
Whenever I felt like doing something stupid, you would ask me to think twice. Whenever I felt down, you would lift my spirit with your witty comments. Whenever I felt I would not be able to do something, you would push me harder. Whenever I felt blue, you would ask me to put some make up on and bring it on.

I remember that, when they asked us if we would like to renew our contract for a second year, we sat across each other and took the decision together. We would stay. Together. My mom, who never liked the idea of me coming to the USA, would say “estoy tranquila porque tienes a KT”; she knew I would have not made it without you.

You were incredibly strong and positive. A friend sent me a message and told me you were “the happiest person she had ever known”. All of us admired your determination and resolution. All of us loved your British sense of humor and sharp comments.

You deeply loved your friends and family and would spend hours writing letters to them. You had nicknames for all of them and loved pointing to the pictures while sharing the moments you had. You made each and every one of us feel special and loved.

We would sometimes talk about this moment and you always said your beloved Nana would be waiting for you. I bet Cary Grant was standing next to her. I know you are in a better place and that you would like us to move on. You would tell us to enjoy every single moment and that´s what you did, you would keep saying you had a blast here, and here you found love.

However, understand it will take us some time.


I miss your “Morning, Bitch! U alright?” every day.

I miss sitting on the sofa together, looking like an old married couple: you wrapped in your pashmina, watching your action shows or Family Guy, and me surfing the Net and chatting non stop.

I miss sending you stupid comments on facebook and your witty and usually PG 13-rated responses.

I miss coming into your bedroom and sitting on your bed while torturing you with the latest “drama” in my life.

I miss your crappy dance music while having a ride in your car.

I miss being hysterical and climbing on top of the bed while you would try to vacuum every spider in the house.

I miss your cursing like a sailor whenever something went wrong.

I miss your being able to name every single actor and the shows they had been in or the people they had been involved with.

I miss your contagious laugh.

I miss having to call and complain myself because the people on the phone could not understand your “proper English” accent.

I miss your setting the fire alarm off whenever you tried to cook something in the oven.

I miss spending the weekend at home, watching movies and having chips and salsa and Margaritas “for tea”.

I miss having the mailbox overflowed with the letters and postcards your friends and family from all over the world would send you.

I miss your trying to fix everything with a cup of tea and some chocolate.

I miss seeing ladybirds everywhere.


I miss you, my friend.


Love you always,

Bitch

sábado, 14 de noviembre de 2009

Second chance

I am writing this on Thursday night when I still do not know what is going to happen to me and my future. With a little bit of luck, I will find it next Monday, maybe tomorrow.

I have had this sentence in mind since the very beginning: I knew it. I knew you would the best AND worst thing that could ever happened to me.

I remember the first day we met. You were not wearing jeans but your usual stuff. Nice color on you though. I had no idea who you were but I immediately felt attracted to you (do not worry, I will not make those cheesy comparisons between the moon and the earth. It is not my style. I actually felt as if you were a magnet pushing me towards you). I first thought you were a pretty decent-looking guy but then you smiled and that, that, was the beginning of the end of my common sense, self control, self esteem and every single word containing self in it. Even myself.

At first, I just considered you one of the people I could trust the most. A good listener and somebody who would take care of me and my needs if necessary. Unfortunately, the more I got to know you, the more I got into you. What started like a fun game has ended up consuming me. I seriously do not know who I am anymore. If, 2 years ago, somebody had told me I would be doing things like this... I would have laughed in their face -"No way, I am not like that!"-. We have this saying in Spanish nunca digas de esta agua no beberé (which could be translated as "never say never"). So appropriate...

I have spent almost two years trying to get closer to you. Anything would give me the excuse to "talk" to you, to contact you. I just needed to feel your presence, to know that you were still there. However, for doing so I have felt like an idiot, a loser, a stalker, a bitch and a slut.

It is not all my fault though. It all started with an (innocent?) comment, remember? You said: "hey, what are you doing on Friday? I would like to have a drink with you but it has to be after midnight". It´s funny, I was so confused by what it would mean that I got completely lost on my way home.

You also have this personality... I never know if you are joking or actually mean it. However, that can be a double-edged sword. Believe it or not, I felt quite hurt when you asked me if I would marry you to stay in this country. Of course I know you were not serious about it but considering the circumstances, what would you expect?

I have tons of male friends in Spain, I usually get along better with men than with women. Some of these men are married, some are engaged and some are single but I have always known where the line is drawn. With you is completely different, I never know what to think or how to act.

I am not going to blame you, anyway. Everybody knows that those who play with fire will eventually get burned.

I am aware that I am way too impulsive and that I will regret sending you the link to access this. It has always been the same. I will say or do something and, 5 minutes later, my old Catholic guilt will knock on my soul.

But... how can you control your feelings? How can you avoid feeling what you feel?

These are the thoughts I was supposed to share with you my very last day in this country. I was also supposed to tell you, face to face. I do not think I have the guts though. Not that I would be able to do it either, you keep on interrupting me whenever I try to talk to you!

My common sense tells me not to publish this, even for such a short period of time, but I need to get it out of my chest. I am sure you already knew everything above but at least this will explain a lot of things. If not... you guys really don´t have a clue about anything, do you?

I trust you and I hope you will not use it against me but if you do... too bad then. I guess I was the one looking for it.

jueves, 13 de agosto de 2009

A rajar toca


Señoras, señores... Reyes Jones ha vuelto y con más mala leche que nunca.

Como ya os decía a muchos en el e-mail, yo, más que viajes, hago gymkanas. Os cuento.

Puesto que vivo poco menos que en el culo del mundo y mi avión salía de Barcelona, estuve dos días, dos, de viaje hasta llegar a Richmond. El domingo, a mediodía, cogí el tren en Vilches. Después de 9 horas de viaje, dos películas, un libro, un bocata de jamón y un par de cervezas (¡ay, to´ hay que contarlo...!) llegué a la estación de Sants donde, gracias a Dios (o a quien sea) me estaban esperando mis tíos. Pasé la noche con ellos y al día siguiente, lunes, mi tío me llevó al aeropuerto del Prat. El vuelo de Barcelona a París estupendo. Me dio tiempo a leerme la "Vanity Fair" y la "Cuore Argh" de cabo a rabo (pues sí, una de cal y otra de arena...) y de disfrutar de una ensalada que, para ser comida de avión, estaba muy pero que muy buena. Claro que parece ser que fui la única con esta opinión porque debíais haber visto las caras de los otros pasajeros. La verdad es que por la vista no entraba, no...

Aterrizamos en París y, ¡viva!, tengo poco menos de dos horitas hasta el siguiente vuelo. Cojo mi bolso y revistas y espero a que abran la puerta del avión. Espero, espero... y nada, media hora después aún seguimos preguntándonos a qué narices esperan ellos. Una vez fuera del trasto, y como soy un poco (muy) histérica, decido ir directamente a la puerta de embarque porque si no me veo pasando la noche en Franchutilandia. Para empezar, el Charles de Gaulle es uno de los aeropuertos más desorganizados que he tenido la (des)gracia de conocer. Por si fuera poco, hay que pasar la aduana (¡joder, que venimos de Barcelona y no hemos salido del aeropuerto!), lo que me lleva una horita de reloj. Se supone que tengo que estar en la puerta de embarque a las 15:55 y a las 15:35 todavía estoy esperando a que el gendarme, o como lo llamen, compruebe que la tía con cara de morder a alguien es, efectivamente, la que sonríe tanto en la foto. No parece muy convencido. Me quito las gafas, me sujeto el flequillo, muestro dientes y me deja pasar. Son las 15:50. Corro hacia el control de seguridad (sí, hay que pasarlo otra vez) y pongo cara de niña buena. Ni un problema. Vuelo hacia la puerta de embarque y llego justo cuando la abren. Los de primera clase empiezan a embarcar y, de repente, nos dan la noticia. El avión tiene problemas técnicos y el vuelo se va a retrasar un par de horas. Río por no llorar. Ya decía yo que todo había ido muy bien hasta ahora...

Dos horas después, me vuelvo a poner en la cola de embarque. Veo a un tío con pinta de colgao y pienso "Dios, espero que no me toque al lado de ése". Entro en la cabina y... ¿quién es mi compañero? ¡Bingo, el colgao! Que, además, atufa a cerveza y unas cuantas bebidas más. Voy a sentarme y me pregunta que si me importa cambiar los asientos. Yo lo tengo al lado del pasillo, él en medio. Imagino que es porque tendrá que ir a echar la pota en cualquier momento y le digo que no hay problema. También le aviso de que yo soy de las que van mucho al baño y de que lo estaré molestando para que me deje pasar. Me dice que no pasa nada.

Joé, por el tufazo parece que el colega se ha escapado de una destilería. Menudo viajecito me espera. Voy a trincarme un par de botellas de vino y por lo menos estamos a empate. Mi gozo en un pozo. En el suyo, que parece no tener fondo porque se bebe tres botellas de vino blanco antes de terminar de cenar. Por curiosidad le pregunto que de dónde viene (¿Alcohólicos Anónimos? ¿Ibiza?) y me dice que de Serbia. Tendré que buscar en internet cuál es el índice de alcoholismo por aquellos lares....

Terminamos de cenar y el adolescente que está delante de mí echa el asiento hacia atrás todo lo que puede y más. El niño que está delante del colgao (sí, el que tiene MI asiento) mantiene el asiento en posición vertical. ¡Me cago en...! Decido ver una peli para que se me pase el cabreo y la tele no funciona. La del colgao (sí, la MÍA) no parece tener ningún problema. Deben de rechinarme los dientes de lo lindo porque, justo en ese momento, llega un auxiliar de vuelo que, primero, le dice al niñato que está bien tumbarse pero que ESO es pasarse. Y, segundo, reinicia el ordenador para que pueda relajarme y ver algo. Funciona. Veo "Coco Chanel"; "Yes, Man" (una de las peores pelis que he visto últimamente) y "The Class (Entre Les Murs)", que debería ser de visión obligada en todos los centros de enseñanza del mundo mundial.

Aterrizamos en Washington con dos horas y medio de retraso. Una vez más, corro hacia la aduana. Milagrosamente, apenas hay gente y el oficial que me interroga es un hombre mayor y la mar de amable. La paso en menos de diez minutos y corro a recoger mi maleta que, por supuesto, sale la última. Miro el reloj y mis peores temores se han cumplido. Entre el retraso del avión y del equipaje, he perdido todos y cada uno de los autobuses que van a Richmond. Con suerte puede que pille el de las 23:45 (el último) pero hay que jugársela. Decido quedarme a dormir en Washington e intentarlo mañana (estoy HARTA de correr) y no hay manera de encontrar alojamiento. Elena, Miriam y yo llamamos a unos cuantos sitios y no hay suerte, no hay nada disponible. A arriesgarse toca. Le digo al taxista que tengo que coger el dichoso autobús y que ya puede pisar el acelerador. Llegamos a la estación a las 23:35. El hombre, viendo mi cara de angustia (aún tengo que comprar el billete y como haya cola estoy perdida), me acompaña dentro y me dice que no se irá hasta que no me vea prácticamente montada. Se ha ganado la propina. Compro el billete a las 23:42, corro (y van...) al andén y pregunto quién es el último de la cola. La mujer sonríe y señala a todo el mundo. ¡Han vendido 100 billetes para un autobús que tiene 55 plazas! Esto sólo puede pasar en EEUU. Por supuesto, me quedo con las ganas de montarme. La de información nos dice a todos los que nos hemos quedado fuera que pondrán otro a las 2:15 de la mañana. Decido tomármelo con filosofía. Me siento en el suelo, saco mi libro y empiezo a leer. Así hasta que llega el autobús de los c***nes.

Llego a la estación de Richmond de madrugada. Soy la única que no parece estar drogada o sin hogar. Corro (es un decir, con dos maletas... Por ciero, ¿cuántas veces he escrito esta palabra?) hacia la salida y cojo el primer taxi que encuentro. Cuando llego a casa no beso el suelo porque hay moqueta y me da asquete que si no...

Dos días después, estoy casi repuesta de la odisea. Casi.

Como nos mudamos este fin de semana, he ido a unas cuantas tiendas a pedir cajas de cartón vacías. Me ha dado una vergüenza tremenda pero, claro, no voy a llevar los bártulos en los brazos. En todas las tiendas me han puesto excusas varias. Que si es cosa del encargado, que si no tienen... total, que me he ido con las manos vacías. A punto he estado de robar un carro sólo por fastidiarles. A lo que iba. En mi clase, en el cole, tengo el armario lleno de cajas y puesto que ya han terminado la escuela de verano y se supone que podemos ir a currar si queremos, he llamado a la secretaria para preguntarle. Os recuerdo que la secretaria es la tía más desagradable que pisa la tierra. Llamo, saludo, le pregunto qué tal el verano... y hago la preguntita de rigor. La peazo de ******* (a partir de ahora vais a leer muchísimos descalificativos) me suelta: "El director dijo que ya os mandaría un e-mail para comunicaros cuándo podéis venir". Yo, muy diplomática, he respondido que, exactamente, el buen hombre nos dijo que llamásemos antes de ir para informarnos y que eso es lo que estoy haciendo. Le digo que pregunte que si puedo ir y la tía ********* ¡tiene el valor de preguntarme que si tiene que hacerlo en ese momento! Se lo pido por favor y, después de tenerme en espera 5 minutos, me dice que el director dice que vaya y vea si puedo coger lo que necesito de mi aula pero que (atentos todos) ELLA NO ESTÁ DE ACUERDO. Le pido que especifique y la hija de ********** me suelta, tal cual: "Sinceramente, no creo que sea apropiado ni razonable que vengas e interrumpas el ritmo normal de trabajo para coger unas cajas. Pídelas en una tienda". Menos mal que estaba sentada, si no me caigo redonda al suelo. Le he dado las gracias (con mucho recochineo) y le he colgado. He tenido que ir a una tienda y comprar las cajas de cartón de los c*j*nes (que me han costado una pasta), cuando tengo como 8 de ellas en el armario y, lo que es peor, ¡muertas de risa! Os juro que yo a ésa le hago vudú. Y del malo.

Bueno, pues esta ha sido mi semana hasta ahora. Como decían los hombres G, ¿qué coño hago yo aquí (que no en las Bahamas)?

Portugal