domingo, 19 de abril de 2009

Día 4. Comunidad Emberá. Panamá.



















Vamos a pasar el día con los indios emberás. María conduce hasta el río Changres, el más importante de Panamá, donde nos esperan el Sr. Neldo (el jefe de esta comunidad) y otro guía. En el camino paramos para comprar algo de fruta y alucino con los bares y restaurantes de alrededor. A las fotos os remito.

Subimos al pequeño cayuco y comienza la excursión. No podemos llegar hasta el lago porque no ha llovido en tres meses, el nivel del agua es bajísimo. Caminamos hasta allí y nos bañamos durante una hora. Después volvemos a montar en el cayuco y llegamos hasta Tosipono, el pequeño pueblo donde vive la comunidad con la que vamos a pasar el día. Los hombres nos reciben tocando música y las mujeres nos saludan y nos muestran el camino. Me da la impresión de que las mujeres están hasta el mismísimo de hacer el numerito para los turistas. Apenas nos miran y caminan con desgana. Antes de que convirtiesen esta zona en un parque natural protegido, los indios subsistían gracias a lo que cultivaban, ahora deben hacerlo con lo que les dejamos los turistas. También han tenido que cambiar algunos de sus hábitos. Las mujeres siempre han llevado el pecho descubierto pero ahora tienen que cubrírselo. Es gracioso, la única que se ha negado a hacerlo es la más anciana.

Nos llevan hasta una pequeña cabaña donde nos ofrecen fruta, patacón y pescado. Delicioso aunque intento no pensar en cómo lo han preparado... Ya sabéis, en esta aldea no hay ni agua corriente ni electricidad. Es curioso. Viven como hace 500 años y, sin embargo, ¡los hemos llamado al móvil para avisarles de que íbamos hoy! La pregunta del día es... ¿cómo cargan la batería?

Después de comer nos enseñan los productos que fabrican y nos ofrecen un baile. Nuestro guía, que aparece en las fotos, me invita a bailar con él. Al principio rechazo su invitación pero todo el mundo está bailando y temo ofenderlo así que nos cogemos de las manos y bailamos una canción que a mí se me hace eterna. Ya sabéis lo que me gusta bailar, qué vergüenza...

Damos una vuelta por el pueblo y vemos cómo secan el pescado que acabamos de comer. Mejor ahorro detalles. También hablamos con los niños. Nos dicen que no han empezado el colegio (al que van en cayuco) todavía. María nos aclara que han tenido que aplazar el comienzo del curso en Panamá porque en verano es normal que saqueen las escuelas. Aún no les ha dado tiempo a reparar daños y material.

El Sr. Neldo y el guía nos llevan hasta donde hemos dejado el coche. Unos tíos venden "polo flash" de piña hechos en casa. Hacemos de tripas corazón y compramos uno. ¡Total, si hemos comido en una aldea donde las condiciones higiénicas son más que discutibles, esto no nos va a matar! (no lo hace. De hecho, estaban riquísimos).

Volvemos a Panamá, donde visitamos el templo de la religión baha´i. Fue construido en 1965 y costó la friolera de $1.000.000 de la época. No puedo evitar la curiosidad y le explico a un chico baha´i que se ofrece a responder nuestras preguntas que de dónde sacan el dinero para mantener tantos templos en todo el mundo. Contesta que gracias a donaciones particulares de la comunidad baha´i. Huele a secta...

Cenamos en un restaurante griego y después vamos a un hotel de 5 estrellas a tomar unas copas. Un aparcacoches se encarga de que no tengamos que molestarnos en meter el coche en el garaje. Todo pijísimo y estupendísimo, me agobia pensar que sólo unos pocos privilegiados -incluida una servidora, claro- pueden disfrutar de estos lujos en este país.

1 comentario:

Joaquin dijo...

Joder, como mola. La verdad, me encantaría hacer un viaje así, por países exóticos, y visitar zonas remotas: Vietnam, Laos, Camboya, Perú, Australia....
Un saludo!