Me levanto a las 8:00 dispuesta a patearme Atlanta. Pido un mapa en recepción y salgo a la calle. No hay ni un Cristo así que decido ir a otra zona. Me dirijo a la estación de metro más cercana. Ni un alma. Me recuerda muchísimo a una de las últimas pelis que he visto en el fearnet, The Midnight Meat Train (El vagón de la muerte o algo así en España). Qué buen rollito. Me bajo en 5 points y me doy cuenta de que soy la única blanquita del lugar. No es que haya mucha gente en la calle pero todos me miran con una cara... Voy hacia una de las zonas turísticas, Underground, para comprar postales y me encuentro con una imagen digna de I Am Legend. Todo cerrado y gente con la mirada perdida caminando sin rumbo fijo. Qué bien. Camino un poco más y, en un momento determinado, noto que alguien me sigue. Acelero el paso y pienso que lo mejor es ir en busca de los turistas (¿dónde están cuando más los necesitas?). Veo a una policía y le pregunto qué dirección debo tomar. Me pregunta que de dónde vengo y, al decírselo, me dice: "Vaya, nunca aconsejaría a nadie ir a esa zona un domingo por la mañana". Demasiado tarde, pienso. Jamás (y ya sabéis que he recorrido varias ciudades sola) me he sentido tan insegura como aquí.
Después de la experiencia, decido ir a la caza del turista. Cuando llego al Acuario comprendo porqué el resto de la ciudad está más vacía que Madrid en agosto. TODO el mundo está aquí. Pago 27 dólares por la entrada y paso un par de horas disfrutando del mayor acuario del mundo. Después me paro a tomar unos tomates verdes fritos. Hora de ir al aeropuerto.
Conozco a Ali una media hora antes de que salga nuestro avión. Nos caemos bien al instante. Nos hacen pagar $5 por "un visado sin el cual no podemos entrar en Panamá". En otras palabras, nos engañan como a chinos.
No podemos sentarnos juntas en el avión así que, para matar el tiempo, me dispongo a ver la película. La azafata nos dice que podemos verla "en inglés o panameño". Qué graciosa ella. Intento verla en español pero el doblaje a lo Pancho Villa me pone de los nervios. Tampoco me pierdo nada, es malísima.
Llegamos a Panamá. Estamos algo nerviosas porque tenemos que pasar la aduana (que le pregunten a mi madre cómo es la de EEUU). Nos toca. La oficial de turno nos saluda y, sin mirar nuestra foto, nos pone el sello en el pasaporte. También nos dice que el visado de pega no vale para nada. Ni una pregunta más.
María nos espera fuera. Nos lleva a su piso, donde dejamos las cosas. Nos quedamos de piedra al ver que hay una habitación pequeñita junto al lavadero. María la utiliza como trastero pero se supone que es para la "mucama". Desde ella se accede a un diminuto baño. Es el único de la casa que NO tiene agua caliente.
Cenamos en "Pomodoro", un restaurante italiano tranquilo y encantador. La cerveza es más barata que en EEUU pero la comida está al mismo precio. La moneda oficial de Panamá es la balboa pero no se emiten billetes, sólo monedas. Todos los precios están en dólares americano. Tanto criticar a los americanos y siguen utilizando los billetes con la efigie de Washington.

1 comentario:
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