De las de andar, no de las de beber.
Domingo por la mañana. Nos levantamos, nos duchamos, nos ponemos nuestra ropa recién comprada, un poco de maquillaje y subimos al coche. ¡Sorpresa!, nos dice Gustavo, vamos a ir a las montañas a hacer senderismo. Coño, eso se avisa. Ahí nos tenéis, con los pantalones remangados y el bolso colgado. Menos mal que se me ocurrió ponerme los deportes, si llego a ir en chanclas me muero.

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