sábado, 20 de septiembre de 2008

El día después

Por lo pronto tengo que ir a trabajar mañana, ya veremos si entonces me queman en la hoguera o no.
El viernes, al llegar al insti -en vaqueros- me encontré a mi director. Me vio pero no dijo nada. Luego me lo volvía a cruzar como diez veces más y no hizo ningún comentario respecto a mi ropa. Empecé a respirar tranquila...
Luego tuve guardia con Jon, el vicedirector. Empezó a reírse en cuanto me vio aparecer y me preguntó que si había más gente en la "operación vaqueros". Le dije que unos 12 más y le expliqué por qué lo hacíamos. Prácticamente me dio la razón y le quitamos hierro al asunto. Hay que reconocer que soy su ojito derecho y que el hombre ya está acostumbrado a mi rebeldía; tenemos guardia juntos un día sí y otro no, me tiene más que calada.
Más tarde me encontré a Jon y a mi dire en el pasillo. Jon me llamó y, al acercarme, me dijo: "Señorita Clavijo -siempre me llama Reyes así que me imaginé por dónde iría la cosa-, ¿puedo decirle que hoy está especialmente guapa y que esos VAQUEROS le sientan de maravilla?". Aguántandome la risa, le di las gracias. Teníais que haber visto la cara que se le quedó a mi director. Nos miró a los dos y simplemente comentó que si eso no era acoso sexual. Agarré a Jon del brazo y dije que ni por asomo, y nos fuimos hacia el despacho de éste así, agarraditos. Al entrar no pudimos aguantar más la risa y Jon me comentó que mi dire iba a estar de mala uva el resto del día por lo que acabábamos de hacer. Palabra de santo. Unos 20 minutos después recibimos un larguísimo e-mail de mi dire en el que, entre otras cosas, se nos pedía no llevar vaqueros a no ser que él nos hubiese dado permiso. Respondí que me lo había dado el miércoles y contestó que la próxima vez debo esperar un e-mail "oficial". Sin problemas. O eso pensaba. A la hora de la comida, la gente que llevaba vaqueros estaba que trinaba: que si mi dire era un dictador, que si mira que echarnos la bronca por e-mail para que todos se enterasen... Yo intenté hacerles ver que era una tontería molestarse por algo así pero los ánimos estaban calentitos. Algunas prometieron no volver a dirigirle la palabra a mi director. Y lo han cumplido. Más tarde nos lo encontramos en el pasillo. Él saludó y fui la única que respondió. Cómo se pasan algunos. Viendo que la gente se había tomado el asunto mucho más en serio de lo que yo pretendía, le envié un e-mail a mi director en el que le contaba que yo lo había empezado todo. También le decía que si tiene que tomar medidas, yo soy la única responsable. No ha respondido.
Lo único que me fastidia es que algo que empezó más bien como una broma se ha convertido en algo personal. La gente que no puede ver a mi dire lo ha utilizado como excusa para atacarle. Por supuesto, en ningún momento pretendí que ocurriese algo así. De hecho, tuve que defenderlo. Les dije a todos que se estaban pasando de la raya y que no había que confundir lo profesional y lo personal. Cuando me preguntaron que por qué lo defendía, contesté que porque el año pasado fue el único que me ayudó y se lo debo.
La que se ha montado por unos vaqueros...

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