miércoles, 6 de febrero de 2008

La limpiadora mejicana embarazada

Pues sí, una servidora. Me explico. Después de dos días de Market Day en clase y con la cabeza como un bombo después de que haya pasado por mi aula medio instituto (otro día os explico en qué consiste, estoy demasiado cansada para eso), he llegado a casa y me he encontrado a Katie del mismo (o peor) humor que yo. Nos hemos desahogado la una con la otra, nos hemos tomado una cervecita para olvidar el día y, en ese momento, han llamado por teléfono. Como era muy tarde para que fuese una llamada de España o Inglaterra, Katie ha imaginado que sería la misma petarda que siempre la llama para que done dinero a la policía estatal así que me ha pedido que contestase yo. Como sigue:
- ¿Diga?
- Sí, ¿está Katie?
- No, lo siento.
- ¿Sabes dónde está?
- No.
- ¿Sabes a qué hora llega?
- No.
- ¿Sabes si puedo llamarla a otro teléfono? (jo, qué pesada)
- No, lo siento. Yo soy la de la limpieza. No hablo mucho inglés (intento poner mi mejor acento mejicano. Por supuesto, Katie empieza a destornillarse de risa mientras yo intento controlarme).
- Oh, entiendo. ¿Le puedes dar un mensaje?
- ¿Qué? No hablo mucho inglés.
- Ahora que lo pienso, si cuelgas y llamo de nuevo podré dejarle un mensaje en el contestador.
- ¿Qué?
- Cuelga.
- ¿Qué?
- Que cuelgues.
- ¿Qué?
- Que cuelgues para que pueda dejarle un mensaje.
- Lo siento, no hablo mucho inglés. Voy a colgar para que puedas dejarle un mensaje en el contestador.
Dos horas más tarde, nos morimos por un Frapuccino. Yo ya estoy con el pijama, así que decidimos ir al Starbucks más cercano y pedirlo desde el coche. Como no nos tenemos que bajar, salgo de casa con mi pelo hecho un auténtico desastre, mi pijama de Victoria´s Secret (con pantalones que llegan hasta media pierna), mis calcetines de rayas, los deportivos a chanclas, el abrigo por encima de los hombros y el bolso en la mano. Cierro la puerta con llave, me giro y... ahí está él. Nuestro único vecino mirándonos con cara de flipe. Después de pasar por todos los colores de la bandera del orgullo gay, decido pasar a la acción y hago lo que cualquiera de vosotras hubiese hecho en mi lugar. Me pongo las manos en la barriga, me inclino, miro a Katie y le murmuro "hay que darse prisa, el bebé está en camino".

PS. ¿De verdad pensábais que me había quedado embarazada? Desde luego qué poco me conocéis... : )

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